Echándole cuento: Camino a casa

19 Abr

Hoy el cuento pasa al jueves pero llega con las mismas ganas y un ilustrador muy especial. Porque nunca he creído en las casualidades, este segundo encuentro no podía pasarlo por alto. Con todos vosotros, las casitas de Juan Ignacio Barbieri, unas casitas que sólo con verlas sabes que sólo pueden llevarte a sitios maravillosos.

En cuanto a la historia, un poco de ilusión para afrontar estos días grises que la primavera nos está lanzando. Porque cualquier día esa persona que lo cambie todo puede cruzarse en nuestro camino:) A ver si os gusta y entre todos hacemos salir el sol.

Camino a casa

El día que Juan vio a Mónica rebuscar dentro de su enorme bolso en el metro supo  dos cosas. La primera, que las mujeres pueden llevar un millón de cosas colgadas en el hombro y siempre parece faltarles la que dejaron encima de la mesilla de noche y la segunda, que por fin tenía sentido que llevara un año cogiendo ese estúpido tren  a un trabajo de mierda.

“Tengo que decirle algo”-se  motivó Juan a si mismo en un ejercicio de coaching aún con legañas. “Pero, ¿qué le digo?”  Y entre las dudas y el repaso del abrochado de la camisa (Juan era incapaz de abrocharse bien la camisa por la mañana, los ojales se le mezclaban  y siempre le quedaba un faldón más largo), ella se esfumó. Sí, así sin más. Y en su asiento ya no estaba aquel moño improvisado con un lápiz y el niño  lapidando el Vuitton falso de una señora a golpe de pipa, no tenía ni de lejos la misma caída de pestañas ni las piernas infinitamente largas.

El día en la oficina tampoco ayudó. Juan pensó más de tres veces en clavarse el boli en el cuello y en su escala de sufrimiento laboral soportable “dos veces” ya significaba entrar en zona de peligro. Sonrió, asintió y escuchó el drama  diario de las gemelas que, cada día, su jefa le  embutía amablemente entre el café y el cigarrillo del descanso. Ahí estaba , flotando entre briefs y banners con un solo pensamiento en su cabeza. “soy un gilipollas, un gilipollas de cojones”.

La vuelta en el tren, como era de esperar, fue sin sorpresa. En casa, el desorden tampoco acabó de animar la secuencia. “Venga tío, no hagas un drama”-se repitió Juan antes de bajar a tomar una cerveza con David. De Mónica, por supuesto, no le contó nada y aunque el partido no estuvo mal , la cerveza le supo pesada y la segunda parte se le hizo interminable.

Ya en la cama, después de una sesión de fantasías proyectadas en el techo,  Juan pensó que este sistema estaba muy mal montado, que tenía que dejar ya aquel trabajo que lo estaba matando y que cambiar a un piso de más de 30m2 sería un buen premio para restaurar su autoestima perdida. Luego apuró el culo de la botella de agua y se lanzo en plan camicace sobe sus sueños.

Aquella noche soñó algo extraño. Él estaba conduciendo, pero no un coche, ¡conducía una casa!, una casita preciosa con patas que avanzaba con paso seguro.

-¿Dónde vamos?-le preguntó Juan a la casa

-A ver a Mónica, ¿no?-le respondió ella

-¡Ahh! a Mónica. -Y aunque Juan no sabía que Mónica se llamaba Mónica no tuvo dudas de que hablaba de ella.

-Te parece bien, ¿no?-le preguntó la casita con una sonrisa picarona.

-Sí, sí de puta madre-le contestó Juan satisfecho.

El despertador sonó a las 7:45, justo cuando Juan ya veía un letrero en la carretera que ponía “Villa Mónica, 100 metros”. Una vez más,  ¡puff! Se volvía a quedar a las puertas.

Se lavó la cara, se afeitó y llamó a su Señora jefa a decirle que no se encontraba bien. “Sí, no sé, algo me sentó mal anoche. Bueno, ahora hace ya un rato que no voy al baño, pero entre que no he dormido y el esfuerzo de vomitar…Vale, gracias. Sí, tranquila, creo que mañana ya estaré bien”.

Y directo a por el café y el donut de “El cafetín” y a la agencia nueva. Quería un piso en el centro, no gigante pero sí con una ducha para humanos, una cocina en la que no hacer equilibrismos y a poder ser un balconcito pequeño para cuando llegara la primavera.

Abrió la puerta y una señora de pelo rojizo le anunció con una sonrisa enorme, casi desproporcionada para el tamaño de su cara, que en breve uno de sus agentes le atendería.

-Ya puede pasar, oficina 3-le anunció la señora con un guiño de madre cómplice.

Y allí estaba ella, rebuscando algo entre un millón de papeles. Juan se quedó mirándola literalmente con cara de bobo.

-Buenos días-le saludó Mónica

-Buenos días-acertó a decir él.

-Y bueno, ¿qué buscaba exactamente?

-No lo sé muy bien-dijo con un gusto extremo Juan.

Miraron más de 20 pisos, hasta que Mónica tuvo que atender a su próxima cita.

-Y entonces, ¿ninguno le convence?-le preguntó ella.

Le costaba mirarle a los ojos y cuando lo conseguía  se le curvaban las comisuras hacia arriba. No era gran cosa, pero a la vez era mucho. Lo suficiente para que Juan le contestara:

-Bueno, hay muchos que me gustan, pero creo que lo mejor será que vuelva mañana y los repasemos  con más tranquilidad. ¿Te parece bien?

(Sonrisa-sonrisa)…Y en la calle el cielo más azul del planeta.

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¿Qué os ha parecido? ¿Habéis tenido alguna vez un sueño premonitorio? ¿Creéis en la serendipia o sois más de destino? Y para acabar el post dos temas que me encantan: Apartment de Young the Giant y el mítico Home de Edward Sharpe & The Magnetic Zeros:).

10 comentarios to “Echándole cuento: Camino a casa”

  1. chicarandom abril 19, 2012 a 2:51 pm #

    Nada como el mundo de Juan Barbieri mezclado con el Moño de la niña del moño.
    Bravo :)))

    • la niña del moño abril 19, 2012 a 3:03 pm #

      jajaj una trimezcla con el volumen de chicarandom ya sería la rehostia!!! Rebsi:)

  2. patosyguacamole abril 19, 2012 a 4:39 pm #

    Qué casualidad, yo también andaba hoy hablando de tener días malos y tal… Muy buena historia!!

    • la niña del moño abril 19, 2012 a 5:06 pm #

      A los malos días ni agua!!! Besote:)

      • patosyguacamole abril 19, 2012 a 6:40 pm #

        Bueno, en realidad, más que mal día…, ha sido agotador, ha acabado conmigo cuando tan sólo eran como las 15h… Es lo que tiene dar clase a 180 criaturitas…, tan pronto se las adora como te quieres pegar un tiro!

  3. mandarinux abril 20, 2012 a 5:36 pm #

    Hola Niña!

    Me ha encantado tu historia! me ha puesto una sonrisa como broche en un dia que no está siendo muy bueno… y la canción de Young the Giant genial. No conocía este grupillo, voy a navegar un rato a ver si veo más cosillas suyas.

    Un abrazo y feliz finde
    🙂

    • la niña del moño abril 23, 2012 a 9:51 am #

      Nada de mal día, que en nada vamos a tener solazo y super good vibes!!! Escucha la de My Body de Young que es super positive:) Un besote y feliz Sant Jordi!!

  4. La Vie En Rose abril 20, 2012 a 6:24 pm #

    Little boxes on the hillside
    little boxes made of ticky-tacky
    little boxes on the hillside
    little boxes all the same
    there’s the green one and the big one
    and the blue one and the yellow one
    and they’re all made out of ticky-tacky

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