Echándole cuento: “Pequeñas licencias”

18 Ene

Nuevo año y nuevos propósitos, así que por lo menos una vez a la semana la niña del moño publicará un cuento para quitarle como aquel que dice un poco de hierro a la semana:) ¿Probamos?


Pequeñas licencias
Tenía prohibido oler los platos, lamer el sofá, colarse en el baño y mordisquear los zapatos ajenos. Sabía que debía respetar a los muñecos, los trajes negros, la colcha blanca y el descanso sin despertador de los domingos. Luego, estaban los pequeños detalles que sumaban puntos como posar bien en las fotos, hacer juegos con las orejas o estirarse cruzando las patitas delanteras.

Todo había quedado claro en su contrato como animal de compañía y él no pretendía desafiar el orden establecido, pero ¿qué se podía hacer cuando la salsa roquefort olía especialmente deliciosa? ¿Cómo evitar apoyar el morro en las zapatillas más queridas? ¿Cómo disimular las ganas de celebrar el domingo a lametazos?

Había cosas que no estaban bien y él lo tenía asumido, pero tampoco era tan malo sacar a los muñecos un rato de la estantería para que estirasen las piernas o comprobar que la mancha invisible de chocolate seguía sin reaparecer en el sofá. ¡Qué más daban unos pelos más o unos pelos menos en el traje si eran pelos de “no te vayas aún” o pelos de “me moría de ganas de que volvieras a casa”.

Eran tan sólo inocentes trampas al sistema casero. Quizá conllevarían un par de semanas de retraso extra en la llegada de la nueva pelota o un “sin jamón de premio”, pero ¿qué era la vida sin poder darse un capricho de vez en cuando?

Por eso, aquel día no se lo pensó mucho. Allí estaba, encima de la cama como una rosquilla perfecta encima de un mar de azúcar glaseé.

-¿Qué haces? Ya sabes que no puedes subirte ahí.

(Ojitos al aire)

Y un “venga baja” nada convincente con mucho de sonrisa y poco de reprimenda. Los dueños tampoco son perfectos.

¿Qué os parece? ¡Ah! y por si ya os habéis enamorado de la ilustración que acompaña el cuento, sólo deciros que esta maravilla nace del puño de Borja Lössius y que no corresponde a un perro cualquiera, sino a mi bestia favorita. Sí, lo habéis adivinado, como no podía ser de otra manera, hoy el cuento va dedicado a Golem, el perro-dragón que conquistó a la niña del moño.

La semana que viene más y por supuesto si alguien se anima a participar poniendo carita a próximos cuentos yo no podré estar más contenta:)


2 comentarios to “Echándole cuento: “Pequeñas licencias””

  1. ¡Que no te enreden! enero 23, 2012 a 10:13 pm #

    Me encanta!! es genial cómo consigues que nos pongamos en su lugar! usas las palabras perfectas.

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