¿Genios? No, gracias

15 Jun

Hace semanas que me ronda este post y, aunque le he intentado dar esquinazo porque el tema me pone un poco triste, creo que ha llegado la hora de exorcizarlo. Si algo he aprendido es que no decir las cosas no las hace desaparecer precisamente, así que emulando al Sr. Potter nombremos lo que no debe ser nombrado.

El tema de los genios, artistas brillantes, personalidades estelares siempre me ha llamado la atención. No tanto por el glamour y el reconocimiento, sino por todo lo contrario. Repaso mi biblioteca mental y me vienen flashes. Recuerdo aquel reportaje sobre P.L. Travers, la autora de Mary Poppins, en el que explicaba que en realidad se había inventado el personaje de la nanny mágica para consolar a sus hermanas pequeñas a las que acogía bajo una manta en plan Sra. Gallina mientras su madre se bebía las calles. Y qué decir de la historia de Marilyn Monroe o de El Rey del Rock. Sin oreja y con sus magníficas obras excéntricas, Dalí y Van Gogh también tuvieron lo suyo. Por no hablar de las rayas de coca que se le atribuyen a Shakespeare para alimentar su imaginación y  sus obras escritas en tiempo récord o ese cántico hermoso y sórdido a la vez, que consumió y dio la vida a Baudelaire entre fumaderos de opio. ¿Me pasa sólo a mí o ser brillante os parece también un precio demasiado alto si implica tener una vida de mierda? No sé, desde el punto de vista de una “no-genio”, creo que ni la satisfacción de ser tan excepcional en algo me podría compensar el pasar de una vida normalmente maravillosa, con sus más y sus menos y con todos sus “no genios” sorprendentes.

 

Y es que se ha hablado mucho de la soledad de los genios, de esos límites tan borrosos entre la genialidad y la locura, pero lo que también es cierto es que ahora que muchos de nuestros genios parecen saldos de sus predecesores; ahora que los Save Britney” copan las portadas y que Macauly Culkin parece una ovejita al lado de los putones made in Disney, se echa de menos ese halo romántico de los genios de antes. Puede sonar estúpido, pero creo que al final todo se reduce a que los genios son “geniales” en las películas, el arte, la música y la literatura pero no lo son tanto en la vida real, entre los suyos. ¿Me gustan los genios? Sí, pero con distancia.

Y como los refranes no mienten y hoy el post ha quedado un poquito melancólico, disipamos ese “De donde acaba el genio y empieza el loco” de Mecano con el “Dios los cría y ellos se juntan”. ¿Cómo? Pues, con un un blog que descubrí hace poco y que me pareció una maravilla. Porque aunque a los genios les guste bucear en su universo egocéntrico, a veces, también se atraen entre ellos y entonces las alineaciones planetarias pueden llegar a ser prodigiosas:)

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