La ballena alegre, los neverlanders y el puré que todo lo cura

7 Jun

Con todo mi respeto y reversionando el  “imagina una calita…” de  Facto Delafé y las flores azules hoy entono el…Imagina un camping en Sant Pere Pescador…y es que este finde la ballena más alegre entre retro y cutre, con todo eso encanto que tienen las cosas feas pero entrañables, como los pugs, el medio monstruo de los Goonies o los perezosos, me ha conquistado.

No sé si fue  la 8ª Concentración FurgoVolkswagen, el buen rollo que desprendían allí todos, el sol, la lluvia, un proyecto fantástico como el de los neverlanders o un equipo de 5 embutido en un Ford Focus dispuesto a darlo todo, pero la cuestión es que esa normalidad extraordinaria que ahora es claim del verano fue tal subidón que creo que aún sigo en shock. Porque, a veces, devorar un trozo de pan haciendo equilibrios bajo la lluvia, inventar una coreo que puedas aplicar a todas las canciones de la noche, descubrir un bar perdido en medio de la nada o simplemente compartir una mirada cómplice que lo diga todo vale más que cualquier cosa imaginable.

Supongo que por eso allí la gente se paseaba disfrazada de lo que le daba gana, se tiraba al agua de hielo como si no tuviese nada que perder y comía en sillas plegables con la misma pasión que si lo hicieran en el Botafumeiro. Me salta a la cabeza un niño monísimo paseando en su bici vestido de torero, una perrita despeinada asomada por la puerta de su caravana con una sonrisa de oreja a oreja y un instante “cubata magic” en el que las camareras de turnos casi “raíces” ya controlaban poco y practicaban el 2×1 en rones casi sin darse cuenta. Eso y la tranquilidad que sigue a una siesta tirada en la hierba pensando en que muchas veces todo es más fácil de lo que pensamos.

 

 

Y es que creo que la felicidad juega al escondite cuando la buscas, pero te pega un súper abrazo cuando estás list@ para encontrarla. A mí, hace sólo un ratillo, mientras me preparaba un clásico infantil de puré con trocitos de frankfurt que cura hasta el cansancio más mortal, se me ha acercado por detrás y me ha susurrado al oído lo de “Los niños nunca deberían ir a la cama porque cuando despiertan son un día más mayores”. Así que tomo buena nota y con la boca  y el espíritu bien llenos parto hacia el país de Nunca Jamás hasta que mañana la alarma del móvil me devuelva a casa. ¡Dedales para todos!

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